Lo único que mi mente quería era dormir, mas
en aqueste paraje en el que mi alma perturbada
solía vivir, los sueños sobrevolaban ahuyentando
todo atisbo lejano de pensamiento, que en un tiempo fueron
lo mejor o peor (según) que a mi ser le pudo pasar.
O eso creía yo, decían que pensar era bueno, pero cuando los pensamientos se revelan,
un ardor oscuro acecha tras nuestras puertas. Yo, revelé los míos
los cuales se encontraban aislados en un lugar recóndito (apetepórico) de mi sesera.
Aquel lugar que solo yo tenía acceso y que no quería ocultar.
Aquellos pensamientos crueles que capaces son de matar
pensamientos que al hombre dañan. Por eso quería sacarlos de mí.
Pero había un problema: Ellos no querían irse, y mandaban sobre mí... o no.
Me la suda electromagnéticamente todo el poema.
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