sábado, 22 de junio de 2013

Historia 7


Os contaré la historia de la orquesta que dio tranquilidad al lugar más oscuro que hubo. Un lugar donde las tinieblas arrasaban con todo lo que a sus alrededores había. Un lugar, donde toda esperanza de vida, era nula, no se podía respirar por la falta de oxígeno, donde el propio vacío te comía las entrañas como si millones de gusanos te calcinasen a la vez.
Este lugar, que hoy describo, albergó vida una vez, pero sus habitantes cayeron en la tentación de la vaguería y el pasotismo, el paisaje les dio una oportunidad para seguir adelante con una renovación del mismo. Pero, estos no hicieron caso a nada de lo que el reino de la fantasía les dijo.
Asi que, fantasía murió y se instaló el caos total entre los habitantes , que guerrearon entre sí durante siglos y siglos, hasta que nadie quedó entre las sombras. La luz que una vez brilló, ya no existía. No quedó nada después de las sangrientas guerras. Nada.
Después de que todo esto pasase, se abrió entre la oscuridad un claro, donde se vió reflejada la esperanza de un niño, aquella esperanza que todos necesitaban pero que nadie prestaba atención, pues era tan pequeña que no merecía la pena verla y además que era más fácil y seguro seguir ocultos en las sombras porque tenían miedo, esa luz les era desconocida, No podían permitirse adentrarse en lo desconocido.
Ese niño, sin embargo, no menguó su ansiedad de descubrir, sino que aumentó su intensidad al ver que nadie le oía. Se hizo mayor un día y, después de tanto esperar, explotó y se convirtió en una voz grave, sonora, voz que todo el mundo escuchó y entendió, por primera vez en muchos años.
Después de explotar, ya nada quedó en su interior, solo el sonoro latido de su corazón.
Pum...pum......pum...pum.......pum...pum.
Alguien desconocido y ajeno a aquel muchacho se le acercó, le tendió la mano y, juntos formaron un pulso concordante y preciso. Ajenos en uno del otro, pero con un mismo sentimiento, fueron los mejores, pero no los únicos pues se sumaron más a ese pulso que nadie jamás pararía.
Pum...pum......pum...pum.......chstt.
Estupefactos por aquel nuevo sonido, los miembros de este lugar pensaron que la monotonía no era buena, asi que, acogieron a ese nuevo sonido que no discordaba nunca, así pues, unos de unían al pulso y otros al contratiempo.
Pum...chstt...pum...chstt...pum...chstt.
Los unos y los otros seguían siendo ajenos entre sí, pero algo los unía, algo hacía que se mantuviesen unidos para toda la eternidad.
Se crearon nuevos sonidos de percusión, hubo un día en que alguien dijo que se debería hacer otra cosa, “¿otra cosa como qué?”, preguntaron los demás, él se lo pensó un rato, hasta que ella dijo que se podría hacer algo que lo llamaría melodía, pues era el día del melón y que consistía en subir o bajar la presión de la garganta, que se conseguían distintos sonidos y muy diferentes a los que hasta ahora conocían, así pues, con esa nueva propuesta y con una renovada energía en el cuerpo, tocaron las melodías.
Pronto se dieron cuenta de que eran pocos habitantes en esa zona, aún joven de vida, porque en ese lugar, reebosaba toda la vida que se podía querer, pero todavía no se habían expandido por todo el mundo.
Decidieron pues, mandar a una vida a que pregonase ese sentimiento, que lo instaurase allá po donde pasase y ésta vida se fue, se separó del grupo y se fue.
Era una flor, con una voz flautista y de una sola nota . Se pasó días enteros tocando y tocando, se pasó semanas, meses, incluso años y décadas, pero nada ni nadie vio. En esas tinieblas tan oscuras y desoladoras, nada se movía. Sentía frío, su bemol estaba desafinado, no tenía ganas de nada, solo de volver a casa con los suyos que la acogían, pero estaba perdida en mitad de la nada. Se congeló y allí quedó atrapada a la espera de que alguien la buscase. Esperó, esperó y esperó, hasta uqe se propio nombre olvidó. Su alma, congelada, se rompió en mil pedazos.
Sus fuerzas disminuyeron tanto que parecía que ya nada importaba, se olvidó de reir y de llorar.
Muy lejos de allí, lejos de la tristeza y de la desolación, la orquesta musical jamás montada, se preocupó por esta flor de dulce entonación. Les costó mucho aprobarlo y decidirlo, pero, después de muchas reuniones y, con pulso lento y decidido, se adentraron en lo desconocido, todos y cada uno de los miembros, bombos, cajas, tomtones, platillos, bajos, guitarras y muchos más, fueron en busca de este miembro perdido hacía mucho tiempo.
Juntos y dispersados, por aquella tierra fría y oscura, se repartieron y allá por donde pasaban, instauraban, el calor, la luz, y la felicidad de ellos mismos, allá por donde pasaban, la hierba, las flores y árboles, animales, ríos, nacían y crecían como en una competición, por sus tamaños.
Aquello no fue tarea fácil, pues era un mundo tan grande e inmenso que tardaron semanas, meses, incluso años en restaurar todo el daño producido en la guerra de las guerras. Y no había ni rastro de aquel ser que un día se separó del grupo.
Cuenta la leyenda que su nota aún resuena a través de los tiempo, con un sonidoo triste y lleno de desesperanza. Su alma, llena de odio y hecha pedazos, algún día se vengará y será tan poderosa que la ira y la furia serán sus aliados.
El error cometido por el consejo musical de la orquesta, lo pagaría muy caro, pues ellos y solo ellos, la enviaron a la fría y oscura noche del mundo.

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