Soy un dragón,
no se si el más temible de todos, o no. Solo sé mi posición en
esta vida que nos come poco a poco y que nos asfixia en su propio
ser.
Recurrimos a
nuestra imaginación, a nuestro propio subconsciente, cuando soñamos,
para sentirnos más protegidos con nosotros mismos.
Allí, en nuestra
mente, forjamos cómo queremos ser, también cómo somos. Modificamos
conductas adquiridas durante nuestro día y matamos a quienes no
queremos para nuestro propio beneficio en nuestro reino imaginativo.
Con la
imaginación, con la mente, podemos hacer lo que nos venga en gana,
por ejemplo hacer magia, convertirnos en cualquier ser, material o
cosao disfrutar de la vida deseada.
Así pues, con
las puertas abiertas a la imaginación y al reino fundado en la
realidad soñadora, os invito a pasar al lugar jamás contado en esta
tierra, os invito a pasar a mi imaginación, a mi imperio de fantasía
y magia, lleno de locuras y seres nunca vistos.
Corro, corro como
si me persiguieran, avanzo a toda velocidad por un camino empedrado.
No sé a dónde voy, ni me importa a dónde me lleve este camino
rugoso, yo, corro sin más. A los lados, dejan una estela borrosa y
confusa los árboles que en este camino se me cruzan. Dejo atrás
todos mis emociones, sentimientos, deseos y esperanzas, solo quiero
seguir adelante en este camino que se me antoja fácil y rápido. A
veces, tengo la sensación de que el camino avanza por sí solo.
Sin aliento, no
paro, con el corazón acelerado, no descanso, con los pulmones a
reventar, no me caigo, con heridas por todo el cuerpo, no me dejo
tentar. Solo tengo un único pensamiento: llegar. Llegar a donde me
lleve este lugar tan lleno de cosas. Llegar a un lugar mejor. Llegar
a mi meta que eres tú.
Solo en un sueño
puede conseguirse un deseo inalcanzable, pero esto no es un sueño ni
un deseo, este camino que hoy recorro por vez primera, es una
realidad, este sueño que tanto deseé, se ha hecho realidad en un
mundo en el que el espacio no existe.
Es una rebelión
lo que hoy hago, es un acto de desesperación este camino empedrado
de horas, minutos y segundos. Solo en un sueño.
De repente,
acelero el paso y corro más rápido que de costumbre, una fuerza
sobrenatural tira de mi, una fuerza más potente que otras, la más
grande que pueda existir y, sin saberlo y sin quererlo, despliego mis
alas y echo a volar, por el cielo, sintiendo el aire atravesar mi
cuerpo.
La rabia y la ira
se encienden en todo mi ser, acelerando mi vuelo. Voy tan rápido que
no voe el camino por donde iba, pero sé, intuyo, que es mi camino y
que es el correcto. La rebeldía y la euforia se hacen notar en las
escamas que ahora poseo. Sigo acelerando mi vuelo. Cierro los ojos
por un momento y, en un parpadeo, se me cruza una imagen, que nunca
antes había visto. Fue una visión que me impactó mucho, pues era
una imagen de una muchacha sentada en una silla de madera que
lloraba. Tenía el rostro cubierto con las manos y de su mejilla
surgían las lágrimas que derramaba. En el suelo, sus gafas rotas
con los cristales hechos trozos.
Volví a cerrar
los ojos, pero la imagen ya no estaba.
El viento, rugía
con fuerza, ya que no veía nada, era todo muy confuso. Cuando
intenté llegar al suelo, el viento me empujó hacia arriba y más
arriba, con todas mis ganas me lanzé en picado y, poco a poco, vencí
la fuerza del viento. Iba tan deprisa hacia abajo que de morro me
estrellé.
Levanté una gran
humareda y un cráter muy profundo se creó en el camino que
recorría.
Pasaron años y
años hasta que pudo mover alguna parte de mi cuerpo, pues después
de aquella caída, nada fue igual.
Me levanté
dolorido, despacio y sin aliento, subí por el cráter, aquel
hundimiento que un día mi cuerpo dejó. Después de varios intentos,
llegué arriba, llegué a mi camino y, sin mirar atrás, comenzé a
andar. Poco a poco, minuto a minuto, mis pasos se aceleraban y con
ellos, el pulso de los latidos de mi corazón.
Dejé atrás
aquel agujero de arena que nunca más vería.
Un día, sin
previo aviso, el camino cambió. La arena era más blanda, había,
cada cierta distancia una flor, otra, otra. No era ya, un camino
empedrado, sino más bien un camino caramelizado en su aroma y suave
en su tacto. Descubrí en ese camino tan dulce a alguien. Ese alguien
me recordó a aquella muchacha que, sentada en una silla, lloraba.
La miré, me
miró. Nos observamos de arriba a abajo. Ella era guapa, hermosa y
resplandecía en aquel camino.
Me sonrió. Me
dedicó la sonrisa más bonita y amigable que yo ví nunca antes. Me
ruborizé y le dí una sonrisa mía. Se acercó a mí y me cogió de
la mano, se la acepté.
Me preguntó si
quería seguir su camino, seguir por aquel camino los dos. Aquel
camino enamoradizo. Le cogí la cara con ambas manos y la besé en
los labios, labios sedientos de amor, beso eterno en el que nos
fundimos los dos.
Como regalo, me
dió su corazón y, como gratitud, le tendí el mío, ambos corazones
intercambiados, a mitad de camino, se fundieron en uno solo, un
corazón que late para dos vidas.
Así, emprendimos
la marcha cada vez más rápida. Y volamos. Hasta el infinito,
volamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario