sábado, 1 de junio de 2013

Historia 12


No eres más que polvo en mi recuerdo, no eres más que una ilusión para mi vista, no eres más que simples notas brotando de un triste piano, apagado piano. No eres más que papeles en blanco de cuyas páginas surgen palabras y más palabras, carentes de sentido, pues ya aquí no estás.
En tu pecho yo, solía acurrucarme, para proteger mi alma y espantar todos los males. En cada noche, yo solía escuchar la melodía que mñas me tranquilizaba, tu respiración. Abrazaba cada gota de aire que inhalabas, porque cada una te daba un segundo más de vida.
Me he caido de lo más alto del cielo, donde tú abrabas mi corazón, como si un llo hubieses hecho nunca, como osi mañana se fuera a acabar el mundo. Allí arriba, donde la gravedad no existe, allí arriba, donde nuestros cuerpos flotaban a su antojo y donde éramos libres de verdad.
Libertad, sensación de placer en la que el cuerpo y la mente vagan por todo lo alto. En la montaña soñé que volaba libre y alto, sin cadenas, sin cuerpo, sin gravedad, sin nada. Ahora estoy atado y no tengo libertad, la que un día me perteneció y la que un día me arrebataron
Quiero escribir un último verso, una última historia o cuento, quiero plasmar mi tristeza aquí en un papel, quiero que se note el lamento que siento en lo más oscuro de mi ser. La tristeza que inunda y corrompe mi corazón y la armonía en un soplo de viento, es la pena que siento al escribir, al intentar describir cómo me siento en cada momento de mi vida.
La música, aliento feroz de mis inquietudes, hace levantarme de esta silla tan cómodamente buena para gritar a los cuatro vientos que mi libertad es mía y solo mía, de nadie más, y por lo tanto me corresponde a mí decidir en qué silla he sentarme, cómo y cuándo. Pero no sé cómo sentarme en otra silla que no sea la mía, no sé cuándo he de levantarme y tampoco sé en qué silla sentarme o tumbarme, solo, y lo único que sé, es que el tiempo corre tan deprisa que mi mente no es capaz de pensar con precisión. El tiempo apremia, estrangula y asfixia como nunca en esta etapa, no puedo parar, porque si lo hago, algún mal acechará tras mi puerta. Ese mal será la muerte, que, al contrario que el tiempo, es pausada y lenta como una marcha fúnebre, tan triste y apaciguada que te dejarás llevar por ella, si es que el tiempo te ha dejado a su merced.
Tú decides si vivir o morir, tú decides entre tiempo vivo o tiempo muerto.
Amada mía, pensé que conmigo estarías y por toda la eternidad me amarías, pero veo que no es así y que nunca me quisistes, todas las palabras fueron en vano. Todos los sentimientos fueron derrochados como la lluvia derrocha sus gotas que, al caer, ya no se vuelven a ver.
El viento despeina mi pelo, descubriendo así una cara triste y manipulada. Eso siento ahora, que me has manipulado.
Nose cómo he podido amarte tanto y nose como he querido besar esos labios tuyos, hasta he deseado besarte.
El viento hiela mi sangre, como lo haces tú, sé que estás en el aire, porque siempre lo has estado.
No quiero dormir, aunque estoy muy cansado, pero no quiero volver a soñar, pues si me sumo al sueño, entraré en un mundo nuevo y muy diferente a este, un mundo donde todas las cosas se mueven por los deseos de mi corazón, mas si entro en este mundo, la ensoñación, la alegría y la paz que sentiré y que hay en él, se convertirán en infierno, tristeza y desesperación cuando regrese al mundo real, del que nunca saldré, del que nunca podré hacer realidad mis sueños y del que realmente procedo.
He de dormir y soñar ahora, porque es como la droga que atrapa al alma y nunca deja que te escapes, siempre te agarra contra tu voluntad, por ese motivo, quiero que sepaís que, cuando despierte, no seré el mismo, no seré la misma persona, mi mente será distinta, pues estará tan llena de sueños y anhelos que la realidad estará aparte y arrinconada.
Cambiar, cambiar de destino, de lugar. Cambiar de sueños, porque, si pudiera estar a tu lado esta misma noche, cambiaría tus sueños, te arroparía en la noche cubriéndote de valor, esperanza y paz.
No escuches mis palabras, no las intentes comprender, no les hagas caso, pues solo debes escuchar tu propio corazón. Lo que de ti espero, es que me hagas un último favor, quiero, y solamente quiero, que ames tu fuerza de voluntad, tu valor, fuerza y seriedad. Que ames al viento, al amado viento, que tu pelo ondea como si fuese la única bandera que debiera ondear. Que te enamores de todas y cada una de las cosas que posees a tu alrededor, de todas las personas por igual, pues nadie se merece menos. Y, por encima de todo esto, quiero que, de la vida misma, te enamores como nunca, pues si a ella cariño das, tú misma serás.
Es muy tarde y, ya oigo los ronquidos que cada noche velan conmigo. Ha empezado a llover y el repiqueteo en la ventana me ayuda a relajar mi mente y mi cuerpo, que, cada vez me pesa más y más. Cierro los ojos, pues los párpados caen como plomo. Un trueno suena a lo lejos, la tormenta se va cerrando. Noto el balanceo sobre mi cuerpo, estoy en el mar y estoy dormido, apenas soy consciente de ello, aunque noto el vaivén de las olas, incluso el dulce olor a sal.
Pero estoy tranquilo, pues se que, donde quiera que esté, estaré a salvo siempre.
Un zumbido raspa mi oreja, dejando al descubierto toda la verdad sobre esta historia deambulante.
Despierto, como cada día, diferente, mudo, sin nada que decir. Despierto, como cada día, en un mundo nuevo, en un sueño nuevo y en un mundo sin ti.

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