Se llama Rocío, una muchacha poco
corriente en este mundo de cosas extravagantes y deformaciones sin
sentido alguno.
Bien, pues esta chica o esta mujer,
como queráis, está sentada en una silla muy peculiar, mas esta
silla tiene unos rebordes de plata reluciente y un asiento de oro, un
respaldo de madera de arce y unas patas que terminan con una cabeza
de dragón.
Su cara, llena de felicidad,
resplandece como si un rayo de luz que está entrando por la ventana
la iluminase e hiciese que parezca que tiene luz propia. Ella es
radiante.
De su cabeza, una larga melena negra
cae como cascada de agua que nunca termina. Ese lento baivén de sus
pelos sugiere una plena y serena concentración.
Ella, sentada mientras lee, piensa en
diferentes cosas a la vez. Supongo que piensa en cómo encontrar el
marcapáginas que antes se le cayó al suelo y que aún no ha
recogido porque la historia es muy intrigante, misteriosa y mágica.
Ella lee una historia sin igual. Ella piensa en cómo terminará la
historia, si acabará bien o, por el contrario, morirá. Pero es
imposible que muera.
Su mente sigue leyendo mientras lee.
Un suave cosquilleo recorre su espalda
y su concentración se ve influida por ese lento caminar del
escalofrío. Una mano alza hacia su espalda, pero lo hace tan
despacio que, cada vez que acorta más y más la distancia entre su
mano y su espalda, un mar de lágrimas bañan sus mejillas y, poco a
poco, ella llora desconsoladamente, sin que nadie pueda percatarse de
su desolación.
Se toca la espalda, mientras su vista
no es levantada del libro que lee, se alivia el picor. Ella llora y
llora. Ella se pregunta por qué está llorando, es una historia como
otra cualquiera. Supone.
Sus ojos, llorosos, levantan por fin la
vista del libro que sostiene sobre sus delicadas manos, manos
resplandecientes y maravillosas que nadie vio nunca. Mira al frente y
observa a su alrededor, está en casa, está en su habitación, en su
propia cama.
Ya sabe por qué llora. Él murió, no
sin antes jurar que en otra vida podrían verse de nuevo, verse otra
vez los bellos ojos que ella poseía. Rocío llora por un final que
le ha conmovido.
Es ella, una persona sin igual, una
persona que sabe lo que quiere, aunque, como todo ser humano tiene
miedo, miedo a lo que otros puedan hacerle, miedo a que su propio
corazón deje de latir. Sabe qué es lo que tiene que hacer en cada
momento, responsabilidad.
La música, cuando su corazón está
triste y su cara denota esa tristeza, es lo único que le anima y le
ayuda a soñar con los deseos más inalcanzables que ella misma un
día se propuso.
Vives como si mañana no fuese a salir
el Sol, vives de la manera de la que todos querrían vivir, libre y
feliz. Eso es lo que siento cuando te veo. Felicidad. Libertad. Pero, como todo ser humano, atada estás, bajo unas circunstancias que solo tú conoces.
Manita arriba si se pudiese, conozco a Ro ro (eso creo) y, la verdad, me conmovió muchísimo leer lo que escribiste sobre ella.
ResponderEliminar¿Qué hostia? ¿"Él murió"? ¿Es que siempre tiene que morir algo?
ResponderEliminarMe ha nomediogustado, Carlos.
¿Quién coño es Ro Ro? Oooooo
Hola, estoy haciendo un reallity show de relatos que suben el azúcar y me he encontrado con la suya. Me gustaría incluírla en mi programa, agrégueme al correo para hablar, le pagaré 50.000$ de entrada por los derechos de autor.
ResponderEliminarAcepto, pero creo que incluso mis redacciones cuestan más de 50.000$, por daños morales....Murió, qué se le va a hacer
ResponderEliminarManita arriba si se pudiese, conozco a Ro ro (eso creo) y, la verdad, me conmovió muchísimo leer lo que escribiste sobre ella.
ResponderEliminarManita arriba si se pudiese, conozco a Ro ro (eso creo) y, la verdad, me conmovió muchísimo leer lo que escribiste sobre ella.
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