Imagina que vas conduciendo por una carretera, sabes por donde vas, sabes a donde vas. La carretera tiene muchas bifurcaciones para elegir, sabes que todas te llevarán donde quieres y tienes la libertad de elegir qué camino tomar. No te importa cuantos baches hay, cuantas curvas y zonas peligrosas halla, no te importa porque lo que deseas es llegar donde quieres. Sabes que puedes no llegar, pero aún así, sigues adelante. Sabes que tu coche puede sufrir una avería, puedes quedarte sin combustible, pero te da igual, sigues hacia tu destino.
Pero ahora imagina que no tienes ni idea de hacia donde vas, simplemente estás conduciendo por una carretera que sabes hacia donde lleva cada camino que a los lados aparecen. Si no tienes claro tu destino y sigues conduciendo, puedes tomar cualquier camino, sabiendo las consecuencias que derivan de cada decisión. Soportas cada curva, cada pinchazo, soportas llevar a los demás a sus destinos, soportas cada bache del camino. ¿No crees que te cansarías de conducir y conducir a ninguna parte? ¿No crees que sería mejor parar el coche que conduces, estirar las piernas y saborear el dulce aroma de la liberación? Apagarias el motor, notarías la brisa chocar contra el coche, te bajarías y olerias cada mota de libertad. Claro esta que si aparcas tu coche en mitad de la carretera, otros coches que detrás tuya te han estado siguiendo siempre, se chocarían provocando un accidente grave. Morirían esas personas. Se provocaría un gran atasco en esa carretera.
Respirar la muerte es respirar la libertad. Me tumbaría en el prado verde que a cada lado del camino hay. Liberación.
lunes, 30 de diciembre de 2013
Liberación
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