Tengo que escribir algo, porque es lo que me queda en esta corta vida.
Con lo ojos entornados y enrojecidos, decido escribir.
Estoy intentandoo relajarme con música, pero no hay manera de relajar el
alma, nose cómo olvidar todo, nose cómo entenderlo todo, no puedo
dormir, apenas hablo y apenas respiro. Me duele la cabeza y no soy capaz
de remediarlo. Me va a explotar.
Si de algo estoy seguro es de no saber qué es lo que hago aquí, quizás
esté huyendo de la realidad, pero, ¿qué realidad es esa de la que huyo?,
no lo se.
Solo se que algo en mi interior grita que algo no está bien, que algo
marcha mal. Quisiera descubrir qué es lo que es, pero no se por donde
empezar, ni siquiera sé cual es la pregunta correcta.
El silencio es la virtud de la eternidad, el silencio es el alma del
mundo, tan silencioso, tan callado, tan en silencio, que el único ruido
que percibo son los golpes de mis dedos en las teclas, golpes tan
ruidosos que harían despertar a un niño durmiendo. El silencio lo es
todo.
Claro está que hasta el silencio se convierte en ruido, cuando callamos,
podemos oir todo lo que queramos, incluidos los latidos de nuestro
corazón, si estás callado el suficiente tiempo, podrás escuchar todo lo
que desees escuchar.
Volviendo a escribir en la noche, sentado en un reposapies, mi mente va
calmándose poco a poco. Sonrio porque estoy feliz conmigo mismo y aunque
mi cabeza sigue dandome vueltas, decido seguir sonriendo porque la vida
lo merece, porque mi cuerpo me lo pide y porque lo necesito. Una duda
me asalta. No quiero responderla. Aún no merece la pena.
-Es hora
-¿De qué?
-No lo se, pero es el momento.
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