viernes, 9 de agosto de 2013

Historia 10


Salto y asciendo. Desde una tímida altura, salto con todas mis fuerzas, alzo las manos y las junto extendiéndolas lo máximo posible, mis piernas se tensan junto con los músculos de mi cuerpo, la expresión seria de mi cara, refleja máxima concentración. Cojo aire cuando estoy en suspensión, hincho mis pulmones al máximo consiguiendo energía para mis músculos.
Sin previo aviso, caigo, inclino mi dorso, la cabeza besa el pecho y las manos bailan entre sí al pulso del corazón. Ahora todo está al revés, veo desde el suelo, el techo y mis pies tocan el cielo erguidos perfectamente, pero el deseo de tocar las nubes no llega y mis piernas caen y caen.
Un tenue contraste de temperatura sobrecoge mi cuerpo cálido, el frío líquido al que he caido me hace recordar la muerte, que cercana está. Me hundo como piedra en el agua, me hundo por la energía que he perdido al impactar sobre este manto llamativo. Gotas que retan a la gravedad se intercambian por mi cuerpo que hundiéndose está, gran chapoteo de agua moja mi piel hidratándola como un desierto se inunda.
Mis pies han pasado al manto. Ahora solo queda una estela que poco a poco de calma en la superficie y que se aleja como mi vida, que, aún, cercana a la muerte, lucha por vivir.
Desde mi nariz, consigo dejar escapar grandes cuidades de aire que, rápidamente se burlan de mi y ascienden, para salvarse, aunque no saben que su salvación, es su perdición.
Mi mente, atormentada, decide hacer de mí un siervo y apura el poco aire que en mis pulmones queda. Me hace dibujar ondulaciones, bien descritas por el agua, como un delfín que seré. Imagino que soy libre en el mar. Un fuerte respingo me hace saber que aún sigo ondulando en el agua y que pronto mi vida llegará a su fin, este es el momento en el que el corazón supera con creces a la razón, que de una puñalada lo ataca, cosa que le da tiempo para escapar. Tomo el control de mi mismo y, desde una profundidad incalculable, asciendo mi cuerpo hundido por el agua, asciendo mi cuerpo por esta nueva dimensión que me ofrece la muerte.
Desde arriba, nadie sospecha que un cuerpo se muere, desde arriba, todos confían en que saldrá adelante sin necesidad de ayuda, pero yo, me quedo sin aire, confundo la realidad, mis sentidos se distorsionan. Sigo ascendiendo sin demasiadas fuerzas, recuerdo todo lo que he hecho e imagino lo que me queda por hacer.
Con ese pensamiento en el corazón, vuelvo a dar otra puñalada en el costado a la razón y me impulso hacia arriba.
Una montaña crece en el agua. Es mi cabeza que resurge de las profundidades, que desea tocar el cielo, desea vivir. El chapoteo es inmediato y las gotas tienen una nueva oportunidad para retar a la gravedad, que las vence sin demasiada dificultad.
Mi boca se abre como un agujero en la tierr, tan grande que parece que va a explotar, pero en vez de eso, coge las eternidades y los reecuerdos de las ciudades que quisieron salvarse. Mis pulmones vacíos, vuelven a hincharse, con cada nueva mota de energía en el aire, mis múculos resucitan y vuelven a moverse.
La razón se cura, el corazón se arrepiente y la mente une a ambos, que, en paz estarán durante infinidades.
Con el cuerpo tranquilo, la mente despejada y una amistad insoldable, vuelvo a ser yo mismo. Mi cara, antesangustiada, cambia radicalmente a una expresión seria y de confianza en lo que hago.
Con esta nueva faceta, tumbo mi cuerpo en la superficie del agua, noto como se estabiliza sobre él y empiezo a moverlo hacia adelante, con los pies arriba y abajo. Me concentro en no doblar las rodillas y aprovechar toda la extensión de las piernas para lanzar hacia atrás la mayor cantidad de agua posible. Se me tensan los músculos de las piernas dibujadas sobre mi piel desnuda.
Una mano atrás y otra en pleno agarre del agua. Ésta describe una ese por debajo del agua como si lo que hubiera agarrado no lo ha alcanzado y se tuviese que retirar. Llega hasta el muslo de la pierna, donde descarga toda la fuerza acumulada de la impotencia de no haber tocado nada. Al bajar una mano, mi cuerpo de desestabiliza por lo que debo alargar la otra mano, la cual roza con delicada expresión mi costado sin llegar a tocarlo, y, commo mi cabeza está bajo el agua, mi cuello se tuerce, llevando la barbilla al hombro de la mano que sigue describiendo mi silueta. Cojo aire y vuelvo a hundirla bajo el agua.
Este brazo que ha llegado al auge de su extensión, tampoco consigue agarrar nada, por lo que vuelve a su estado original. Conforme el proceso se repite, mi corazón va aumentando su pulso, mis pulmones se llenan cada vez con más deseo y mi cuerpo de se va desgastando poco a poco.
Me siento como si volase por el cielo azul. Siento euforia pura y dura, como si no hubiese más sentimientos en este mundo.
Al fin, una mano toca lo deseado por mi mente, que, no esperaba llegar tan pronto. El impacto sobre el bordillo sobresalta y para en seco mi cuerpo veloz. Al parar, noto como el corazón se desboca por tantos sentimientos notados en un proceso de un instante.
Poco a poco recupero mi cordura. Vuelvo a ser yo. Cierro los ojos y una respiración profunda calma mi ser por completo.
Y ahora, pregunto a todo mi expectante público que hoy está aquí escuchándome, ¿han nadado alguna vez?

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