Salto y asciendo. Desde una tímida
altura, salto con todas mis fuerzas, alzo las manos y las junto
extendiéndolas lo máximo posible, mis piernas se tensan junto con
los músculos de mi cuerpo, la expresión seria de mi cara, refleja
máxima concentración. Cojo aire cuando estoy en suspensión, hincho
mis pulmones al máximo consiguiendo energía para mis músculos.
Sin previo aviso, caigo, inclino mi
dorso, la cabeza besa el pecho y las manos bailan entre sí al pulso
del corazón. Ahora todo está al revés, veo desde el suelo, el
techo y mis pies tocan el cielo erguidos perfectamente, pero el deseo
de tocar las nubes no llega y mis piernas caen y caen.
Un tenue contraste de temperatura
sobrecoge mi cuerpo cálido, el frío líquido al que he caido me
hace recordar la muerte, que cercana está. Me hundo como piedra en
el agua, me hundo por la energía que he perdido al impactar sobre
este manto llamativo. Gotas que retan a la gravedad se intercambian
por mi cuerpo que hundiéndose está, gran chapoteo de agua moja mi
piel hidratándola como un desierto se inunda.
Mis pies han pasado al manto. Ahora
solo queda una estela que poco a poco de calma en la superficie y que
se aleja como mi vida, que, aún, cercana a la muerte, lucha por
vivir.
Desde mi nariz, consigo dejar escapar
grandes cuidades de aire que, rápidamente se burlan de mi y
ascienden, para salvarse, aunque no saben que su salvación, es su
perdición.
Mi mente, atormentada, decide hacer de
mí un siervo y apura el poco aire que en mis pulmones queda. Me hace
dibujar ondulaciones, bien descritas por el agua, como un delfín que
seré. Imagino que soy libre en el mar. Un fuerte respingo me hace
saber que aún sigo ondulando en el agua y que pronto mi vida llegará
a su fin, este es el momento en el que el corazón supera con creces
a la razón, que de una puñalada lo ataca, cosa que le da tiempo
para escapar. Tomo el control de mi mismo y, desde una profundidad
incalculable, asciendo mi cuerpo hundido por el agua, asciendo mi
cuerpo por esta nueva dimensión que me ofrece la muerte.
Desde arriba, nadie sospecha que un
cuerpo se muere, desde arriba, todos confían en que saldrá adelante
sin necesidad de ayuda, pero yo, me quedo sin aire, confundo la
realidad, mis sentidos se distorsionan. Sigo ascendiendo sin
demasiadas fuerzas, recuerdo todo lo que he hecho e imagino lo que me
queda por hacer.
Con ese pensamiento en el corazón,
vuelvo a dar otra puñalada en el costado a la razón y me impulso
hacia arriba.
Una montaña crece en el agua. Es mi
cabeza que resurge de las profundidades, que desea tocar el cielo,
desea vivir. El chapoteo es inmediato y las gotas tienen una nueva
oportunidad para retar a la gravedad, que las vence sin demasiada
dificultad.
Mi boca se abre como un agujero en la
tierr, tan grande que parece que va a explotar, pero en vez de eso,
coge las eternidades y los reecuerdos de las ciudades que quisieron
salvarse. Mis pulmones vacíos, vuelven a hincharse, con cada nueva
mota de energía en el aire, mis múculos resucitan y vuelven a
moverse.
La razón se cura, el corazón se
arrepiente y la mente une a ambos, que, en paz estarán durante
infinidades.
Con el cuerpo tranquilo, la mente
despejada y una amistad insoldable, vuelvo a ser yo mismo. Mi cara,
antesangustiada, cambia radicalmente a una expresión seria y de
confianza en lo que hago.
Con esta nueva faceta, tumbo mi cuerpo
en la superficie del agua, noto como se estabiliza sobre él y
empiezo a moverlo hacia adelante, con los pies arriba y abajo. Me
concentro en no doblar las rodillas y aprovechar toda la extensión
de las piernas para lanzar hacia atrás la mayor cantidad de agua
posible. Se me tensan los músculos de las piernas dibujadas sobre mi
piel desnuda.
Una mano atrás y otra en pleno agarre
del agua. Ésta describe una ese por debajo del agua como si lo que
hubiera agarrado no lo ha alcanzado y se tuviese que retirar. Llega
hasta el muslo de la pierna, donde descarga toda la fuerza acumulada
de la impotencia de no haber tocado nada. Al bajar una mano, mi
cuerpo de desestabiliza por lo que debo alargar la otra mano, la cual
roza con delicada expresión mi costado sin llegar a tocarlo, y,
commo mi cabeza está bajo el agua, mi cuello se tuerce, llevando la
barbilla al hombro de la mano que sigue describiendo mi silueta. Cojo
aire y vuelvo a hundirla bajo el agua.
Este brazo que ha llegado al auge de su
extensión, tampoco consigue agarrar nada, por lo que vuelve a su
estado original. Conforme el proceso se repite, mi corazón va
aumentando su pulso, mis pulmones se llenan cada vez con más deseo y
mi cuerpo de se va desgastando poco a poco.
Me siento como si volase por el cielo
azul. Siento euforia pura y dura, como si no hubiese más
sentimientos en este mundo.
Al fin, una mano toca lo deseado por mi
mente, que, no esperaba llegar tan pronto. El impacto sobre el
bordillo sobresalta y para en seco mi cuerpo veloz. Al parar, noto
como el corazón se desboca por tantos sentimientos notados en un
proceso de un instante.
Poco a poco recupero mi cordura. Vuelvo
a ser yo. Cierro los ojos y una respiración profunda calma mi ser
por completo.
Y ahora, pregunto a todo mi expectante
público que hoy está aquí escuchándome, ¿han nadado alguna vez?
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