jueves, 25 de abril de 2013

Recuerdos en blanco.

Me encuentro en la esquina oeste de mi habitación, agachada y de cuclillas, protegiendome de mi misma con los brazos que sobresalen de mi cuerpo.
Soy la desnudez personificada.
Hace frío, es media tarde y precisamente no llego demasiado temprano. Aunque halla luz fuera, no veo nada, solo oscuridad.
No se que ponerme hoy, si me pongo felicidad, creeran que soy una falsa y mentirosa que sonrie porque si. Si me pruebo la tristeza, la gente que me quiere me atosigarán a preguntas y eso no lo quiero; si opto por la euforia, aunque me lo pase en grnade, las personas me odiarán y creeran que soy una pesada.
Sigue haciendo frío en mi cuarto de soledad y oscuridad. Miro mi armario con un montón de vestidos bonitos dentro.
Sin embarg, no se que hacer, lo he probado todo, nada me gusta. Todo cuanto hay me parece falso e indiferente y nose a qué pedirle consejo. Él ya está muerto en el olvido al igual que ella, el libro lo quemaron en cuanto pudieron pues supieron que nadie debía leerlo.
Entonces es cuando te conozco, que te miro y me sonries. Yo no puedo darte me sonrisa pues hace mucho saltó de mis labios para perderse en las penumbras resguardandose del peligro que suponia.
Me fijo en tu traje mientras vas acercándote a mi, yo no llevo nada puesto, voy desnuda con la piel inflamada y el corazon encongido sobre mi pecho.
Despues, simplemente te disculpo por pasar junto a mi.
Lloro en silencioy mi caida hacia la oscuridad del fondo del pozo se acelera cada vez mas y mas, intento gritar pero de mis cuerdas vocales ya no sale nada, estoy afonica y a falta de oxigeno.
Noto como me axifisio poco a poco, mi garganta está aprisionada, mis arterias taponadas, me pitan los oidos, a mi cerebro ya no le llega la sangre necesaria para hacer su correcto funcionamiento y caigo.
Alli, desnuda con la piel inflamada, axfisiada por la presión que siento y con el sentimiento de no tenerte a mi lado, pierdo el conocimiento, resbalo y caigo.
Lo ultimo que recuerdo eran voces dicienso mi nombrey personasen derredor mía. Esas voces procedían de tu garganta y eso me animó a seguir hacia adelante. Me cogistes en brazos y enseguida noté tu extraordianria fuerza de voluntad, noté tu calor corporal y aunque vestias, sabía que eras tú.
M e llevastes hasta tu corazón y me arropastes con tu valor y confianza, traje que nunca tuve porque no tuve el coraje suficiente como para comprarlo cuando es gratis.
Dijistes, esta eres tú y vi reflejada en un espejo a una muchacha que era yo. Me desarropé de tu valor y caí más en el pozo.
Me abrazastes fuerte, no me soltastes hasta que yo no caí en la cuenta de que el pozo no podía darme más profundidad, comprendí pues que todo tiene un límite que no puede ser sobrepasado.
Empezé pues a escalar hacia arriba de forma apresurada, mientras tú estabas detrás mía, que cuando yo caía, allí estabas tú para darme la mano de nuevo y subirme para seguir hacia adelante.
Un día inesperado, simplemente llegué a la cima, llegué confusa y con ganas de gritar, saltar y reir.
Estaba todo allí fuera, menos tú que sentado en un banco te encontré muy alegre. Grite como nunca había gritado antes, sonreí como si se fuera a acabar el mundo ese mismo día.
Sentí el valor que me distes una vez, pero esta vez fue mío y no tuyo. Este es el primer milagro.
Fui hacia a ti y te abrazé con todas mis ganas, fue el segundo milagro.
El calor que hacía me descongeló el corazón, que volvió a latir como nunca y con ello mis pulmones se llenaron de aire limpio y sin contaminación.
Nunca olvidaré ese día, que, estando abrazados junto al mar, me dijistes una frase que siempre recordaré, que nunca caerá en el olvido y que nunca saldrá de mi corazón.
Una frase de dos palabras que seguro recordarás y que solo nosotros somos capaces de entender, una frase perfecta y llena de sentimiento.
Tú sabes muy bien de lo que hablo.
A nuestras espaldas, el infierno se hace resplandeciente, a la derecha los árboles cantan alegres porque la vida sigue, a la izquierda las gaviotas van y vienen con comida para sus hijos, en frente nuestra, el mar se arremolina sobre nuestros pies dejando una singular huella, y, en el centro de todo esto, nosotros abrazados hasta el fin de nuestros días.



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